sábado, 5 de marzo de 2016

El porqué mi próximo móvil no será un Android

Hace ya unos cuantos años desde que tuve mi primer móvil con Android como sistema operativo, antes de eso había tenido una BlackBerry, y un iPod con el que pude ver cómo era iOS.

La impresión más destacable que me ofreció Android de primeras era la enorme libertad que te daba incluso sin rootear, un enorme abanico de aplicaciones que hacían que el móvil se acercara a lo que es un PC, pero tras eso empezaron mis desencantos con el sistema operativo de Google.


El primer desencanto empezó cuando me di cuenta de que las actualizaciones del sistema operativo no eran para todos igual, como la mayoría de fabricantes ponen sus propias capas de personalización has de esperar a que tu fabricante saque su actualización, y eso pueden ser meses, si la saca.

El segundo problema era el rendimiento, en muchas casos las capas de personalización que le ponen los fabricantes son pesadas y merman el rendimiento del móvil. Bien es cierto que esto se puede solucionar haciendo root al móvil y poniendo roms limpias, pero, a parte de perder la garantía, no es una tarea sencilla para que la lleve a cabo cualquiera.

Por ello cuando tuve que cambiar de móvil opté por el que en aquel momento era quizás la mejor opción, el Nexus 4 de LG, que me aseguraba roms limpias y un buen apoyo de Google, y así estuve muy contento con Kit Kat y sus actualizaciones, hasta que un día Google decidió actualizarme a Lollipop, y donde vi lo mucho que dejaba de desear Android.

Con Lollipop todo ha sido un calvario, al principio continuos cierres de aplicaciones, reinicios muy frecuentes, pésima gestión de la batería, aunque por suerte en las siguientes actualizaciones paliaron ciertos errores. El problema es que pese a esas actualizaciones yo me quedé con dos bugs conocidos (y además para toda la vida, ya que Google decide dejar sin Marshmallow a los Nexus 4), el primero el de que a veces no puedes activar los datos, y el segundo en el que con la activación de datos se mantiene la radio del móvil activa incluso aunque no se esté usando, provocando un desmedido uso de la batería. Este segundo bug me impedía que la batería me durara más de medio día con los datos activados, pensé que mi batería estaba ya en las últimas, y decidí sustituirla inútilmente.

Estos bugs no los solucioné devolviendo el terminal a su estado de fábrica, así que me vi obligado a hacer root y a instalar una rom cocinada de Marshmallow, con la esperanza de solucionar el problema, y como no ha sido el caso (Google conoce el segundo fallo y aún así no lo ha solucionado), he considerado volver a Kit Kat, una versión obsoleta, con probables fallos de seguridad, pero que al menos a mí me iba bien y completamente funcional.


En todo caso, viendo el pésimo trabajo de los desarrolladores de Android, cada vez tengo más claro que mi próximo móvil no será Android, aunque me tenga que conformar con la poca variedad que hay en las alternativas.


ACTUALIZACIÓN (13/06/16):
No me queda otra que desdecirme, porque cuando mi móvil ha empezado a tener problemas, iba todo decidido a comprarme un iPhone SE, pero tras meditarlo bien y comparar bien lo que me ofrecía cada uno, al final me he vuelto a decantar por otro móvil con base Android. Espero que la experiencia que me dé OxygenOS no sea tan nefasta como la que tuve con Lollipop en sí.



Ho!

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